miércoles, 24 de diciembre de 2025

Luxetán o las Vedatrías podrían ser el último Bastión de Europa.

 Europa está moribunda, y a  pesar de los furibundos gritos de Roberto Vaquero de "esto no ha acabado mientras quede un español en pie", lo cierto es que en las ciudades, todo se disipa, todo se apaga. 

La lucha ha adquirido un barniz de moda, y los caudillos surgen por doquier. Sin embargo, cuando no existe una verdadera Doctrina que consiga fanatizar a una parte de la masa, la idea se pierde como una flatulencia en el aire. 

Mientras la Democracia Universal siga siendo considerada una verdad absoluta, la mayoría quedará secuestrada por el mismo clientelismo que destruye las naciones europeas desde dentro. ¿Qué clase de Democracia permite que un partido con el 25% de los votos pueda determinar el futuro del 75% restante? 

Prefiero apoyar a los coherentemente xenófobos de Alianza Catalana antes que a un españolista vendepatrias de los muchos que pululan por los Parlamentos, incapaces de aportar una visión clara y largoplacista de una situación cada vez más desesperanzadora. Los nacionalistas son, al menos, claros en sus demandas, y predecibles en el mejor sentido. Sin embargo, parece que la Globalización ha calado demasiado hondo incluso entre las causas más honorables. No creo que quede esperanza alguna de que podamos tomar el poder de forma legal. No hay tiempo material, y desde luego, no hay recursos suficientes para competir con ese Leviatán burocrático que, en nombre de los Derechos Humanos, ha convertido nuestra patria en un secarral desprovisto de dignidad y futuro. 

   



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